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Mesopotamia es el nombre que, a inicios de nuestra era, los griegos dieron al territorio entre el Éufrates y el río Tigris, específicamente en su curso bajo, desde la desembocadura en el Golfo Pérsico hasta el centro del actual Iraq, donde los ríos corren más caudalosos a través de la árida llanura. Corriente arriba, el curso medio y alto de los ríos, se aislaba el desierto sirio-arábigo al oeste, y de los Montes Zagros y la meseta iraní al este, enmarcando una isla, de donde toma su nombre en árabe este territorio. La región Yazira tiene un paisaje diferente al del sur, al discurrir más encajonados los ríos siendo su valle más estrecho. Pero el clima es menos seco, lo que posibilita la agricultura de secano y el crecimiento de pastos con los cuales alimentar al ganado.

Cuando las primeras comunidades campesinas empezaron a descender de la región Yazira y del piedemonte que la rodea al norte y al oriente e instalarse en tierras cada vez más al sur, tuvieron que poner en práctica su experiencia agraria, construyendo canales que transformarían un paisaje de marismas y humedales en otro de campos de cultivo. La producción agropecuaria de Mesopotamia destacó así sobre las regiones circundantes, permitiendo el incremento de la población hasta la aparición de las primeras ciudades. Pero esta abundancia en los productos del campo contrastaba con su falta de recursos minerales y madereros. Tal situación conducirá a la búsqueda de los mismos y a establecer rutas con otras regiones del Oriente en las que se podían encontrar, el Levante, Anatolia, e incluso lugares más lejanos como Egipto, el Indo o Asia Central.

En ésta exposición se puede seguir el curso de la historia en Mesopotamia durante la antigüedad. También conocerás a los pueblos que fundaron las primeras ciudades y escribieron los primeros textos, dejando una impronta que, en cierta medida, permanece hasta el presente.

La escritura cuneiforme

La invención de la escritura responde según la cultura a necesidades diferentes, y por lo tanto adquiere características distintas. En el caso de la antigua Mesopotamia, las evidencias arqueológicas indican que el nacimiento de la escritura responde a una necesidad meramente administrativa.

En todo Oriente Próximo, desde el Neolítico, en los sitios arqueológicos habían ido apareciendo unas fichas de arcilla muy sencillas, que se habían usado para la contabilidad de la producción agropecuaria, así como en intercambios. Este sencillo sistema habría de permanecer prácticamente invariable durante milenios, hasta el aumento de la producción y el crecimiento de los asentamientos entre el 5000 a.C. y el 3500 a.C. Es entonces cuando se ocupa el territorio de Mesopotamia, gracias a las técnicas agrícolas que se venían perfeccionando desde varios milenios atrás en el más amable paisaje

del Creciente Fértil; el arco de piedemonte que rodea la llanura mesopotámica. Las primeras técnicas de canalización y regadío permitieron poner en explotación el territorio pantanoso y desértico que era Mesopotamia de manera natural, canalizando las aguas para transformarlo en un fértil país que les aseguraba unos rendimientos como no habían visto hasta entonces.

Debido a lo anterior fueron desarrollándose entonces nuevos tipos de fichas, con diversas formas e incisiones, que reflejaban la creciente complejidad de la producción y de los intercambios. De hecho, para asegurar los mismos, se ideó un peculiar sistema basado en introducir las fichas –que representaban la mercancía- en una especie de pelotas de arcilla que en la literatura arqueológica conocemos como bullae, y que se cerraban por completo, para después inscribirse esas mismas fichas en la superficie de las bullae, quedado todo sellado con el sello del remitente. Así el destinatario de la mercancía podía comprobar que ésta se adecuaba a lo que había dibujado en la superficie, y a modo de comprobante tenía el contenido sellado de la misma.

Con el tiempo, los signos grabados en la arcilla acabaron sustituyendo a las fichas, que simbolizaban fundamentalmente cantidades en el sistema sexagesimal usado en Mesopotamia, y los tipos de mercancía a los que hacían referencia, tales como la oveja, el pan, la vasija, etcétera. A mediados del IV milenio a.C. encontramos las primeras tablillas con estos signos, primero en la ciudad de Uruk, y luego en otras de su entorno como Yemdet Nasr, Kish o Tell Brak, siempre en el contexto de edificios administrativos o de almacén.

Sin embargo, el paso decisivo se dará a inicios del III milenio a.C. Pues si hasta ahora los signos representaban esquemáticamente ideas o bien cantidades, podían ser leídos en cualquier lengua, evidenciando el fonetismo en la escritura. Los signos ya no eran exclusivamente logogramas, sino que también representaban sílabas (fonogramas). Un ejemplo: en sumerio “caña” se dice “gi”, que también significa “devolver” “retornar”. Así el signo usado para la caña se comienza a emplear también con el sentido de devolver o como la sílaba “gi” formando parte de otras palabras. Esto permitió simplificar el número de signos, pues, aunque se conservaron algunos logogramas, ya no era necesario usar uno para cada realidad. Así se pasó de unos 1500 para el periodo de las primeras tablillas a unos 600, de los que prácticamente sólo se usaban 400.

Así sabemos también qué lengua se escondía detrás de esta primera escritura: el sumerio. Una lengua aglutinante y sin paralelos conocidos que debió de convivir desde un primer momento con el acadio; lengua semítica oriental, conocida por la onomástica, pues desde los primeros nombres propios grabados en las tablillas sumerias encontramos tanto nombres sumerios como acadios.

*Secano: agricultura basada en el uso exclusivo de agua de lluvia para el riego de plantas.

*Marismas: Terreno bajo y pantanoso que se inunda por las aguas de mar.

*Logogramas: símbolo que representa una palabra o parte de ella, se asocian más con significados que con sonidos.

*Semítica: referente a semitas; descendentes de árabes y hebreos principalmente.

*Onomástica: ciencia que cataloga y estudia los nombres propios.